miércoles, 5 de diciembre de 2012

Cara y Sello:Alemania en Siglo XX

Bruno, un niño alemán de ocho años durante el régimen nazi en la segunda guerra mundial, es hijo de un estricto comandante que acaba de ser asignado a su nuevo puesto en un campo de concentración. Bruno, que convive junto con su hermana mayor en un barrio acomodado de Berlín, se ve, entonces, repentinamente obligado a mudarse, trasladándose a un lugar aislado llamado Ausvhwitz. Bruno se desespera por no encontrar ningún amigo con quien jugar en su nueva casa, más pequeña y con menos terreno para explorar. Desde su ventana se puede ver un grupo de casas tras una valla y mucha gente vestida con pijamas de rayas. Todos los que allí se encuentran son judíos confinados en el campo de concentración de allí. Bruno, en su inocencia, da por supuesto que son granjeros. En una de sus exploraciones por los alrededores de la casa, siempre a escondidas de su familia, se encuentra a un niño al otro lado de la alambrada, de ocho años, como él. El niño se llama Shmuel. Bruno y Shmuel se hacen amigos y comienzan a verse con regularidad. Bruno de vez en cuando le lleva comida y Shmuel habla a Bruno de cómo es su vida al otro lado de la alambrada, de era antes y de su familia. Cuando Shmuel es llevado a casa de Bruno para limpiar un montón de copas de cristal, es acusado de robar comida, cuando realmente esta se la había ofrecido su amigo. Bruno le pide disculpas a Shmuel días después, ya que Shmuel había perdido la amistad de su nuevo amigo. Así continuaran, viéndose a escondidas, durante aproximadamente un año. Los padres de Bruno deciden un buen día que ese no es su lugar adecuado para el crecimiento de sus hijos, decisión que precipita la madre de Bruno al conocer la verdadera misión de su marido en el campo de concentración, ya que ella descubre que en el campo están asesinando a los judíos cuando huele el humo que sale de un crematorio del mismo campo. La madre y los niños partirían de Auschwitz en un par de días. Bruno decide pasar al otro lado de la alberca para encontrar al padre de su amigo. Shmuel le trajo una de las “pijamas” y paso desapercibido entre los judíos. Mientras los dos niños buscaban, los soldados forman un grupo de prisioneros entre los que se encuentran Bruno y Shmuel. El grupo es llevado a una cámara de gas, donde los niños mueren juntos sin sospechar que el lugar no era un refugio para la lluvia, tal y como había pensado Bruno. Los padres de Bruno se percatan de la ausencia del niño y lo buscan por los alrededores de la casa desesperadamente. Encuentran las ropas de Bruno frente a un agujero bajo la alambrada, pero es demasiado tarde, al final todos se dan cuenta de lo que ha sucedido, y nada se puede hacer. Este libro lo que trata de hacer ver es la cruda realidad de todos los judíos que pasaban su vida en los campos de concentración. También se muestra el punto de vista nazi, y esto hace que esta película sea muy completa, porque nos entrega toda la información de la época, y las dos caras de la moneda. Lo mejor de esto es que parece una historia inventada por cualquier libretista, pero no es asi, es decir, la historia de los niños, si es ficticia, pero los campos de concentración, que quemaban a los judíos y el fuerte comportamiento de los nazis hacia ellos, todo eso es cierto. No el horror de los campos de exterminio, sino el horror de ver con unos ojos inocentes y limpios lo que esos campos eran en realidad. La valentía de esta historia es la de mostrar el contra plano. El cine nos ha enseñado muchas veces lo que pasaba en los campos de las alambradas hacia adentro, pero casi nunca lo que sucedía fuera. ¿Qué sentían las familias de los jefes nazis de los campos de concentración? ¿Cómo soportaban vivir sabiendo lo que pasaba en ellos? Al buscar en internet, campos de concentración y nazis, no me salió en ningún lado como se sentían todas estas personas, que al fin y al cabo, están hechas por lo mismo, pero lamentablemente, divididos por ideales distintos.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Dientes

El Ratón Pérez, ya muy cansado y con ansias de llegar a su casa y comer, estaba buscando los dientes de los infantes del bosque. Había estado toda la noche sacando los dientes de, Caperucita Roja, Ricitos de Oro, los tres cerditos y ahora iba camino a la casa de Hanzel y Gretel. Mientras caminaba, se tropezó con unas migas de pan y no dudo en comérselas. Más tarde, en el lugar donde Pérez había encontrado las migas, llegan dos niños y uno de ellos le dice al otro: -¡A ti se te ocurre poner migas de pan en un bosque lleno de animales, Hanzel!